miércoles, 13 de junio de 2007

GEMELACIÓN ESPONTÁNEA.

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA QUE ENSEÑA Y ENTRETIENE.

Juan Lewis Artemio, al que conocerán por otras apariciones en este medio, se ha convertido por méritos propios ( y por su nulo coste monetario ) en nuestro científico de guardia. Sus logros en los más diversos campos y su estrecho parentesco con el que nos lee los contadores mes no mes tampoco nos ha convencido de su idoneidad para el puesto. Mediante el modernísimo invento del teléfono con cables concertamos una visita al domicilio/laboratorio ligeramente clandestino de Artemio.

Desaliñado y macilento el científico presentaba mejor imagen que de costumbre, a su parecer por lo interesante de su último descubrimiento. Jugando con la ciencia como un malabarista a lomos de un potro desbocado, este insigne cerebro con piernas que tiende a plantearse interrogantes tan profundos como la “Inestabilidad del continuo espacio tiempo colorado” ( ediciones guantazo 1962 ) o “Hay que ver cómo tarda mi señora en volver de la compra hoy “ ( colección Aüsfurnen Matraquen 1986 ) acepta con agrado nuestro puesto, sin que apenas le incomode la falta de remuneración del mismo ( con una tilita se le pasó la mala baba ). Nos acompaña a su “cuarto de baño de inventar”. dejando encargada a su señora suegra del teléfono por si lo llaman del Nobel, que en un gesto de sincera admiración, se muerde el labio inferior y mira suplicante al cielo.

Compartiendo metros cuadrados y oxígeno Lewis Artemio descorre las cortinas de la bañera dejando al descubierto su gran innovación en la historia de la ciencia esa. En principio a los que no estamos iniciados en el mundo de la investigación los dos sujetos que comparten bañera ( pudorosamente vestidos, esto es una página familiar y decente señora ) se asemejan bastante al ser humano medio u “hominus urbanum”; cada uno con sus características, a saber: uno es un caballero bien formado por adelante, atrás arriba y abajo, con sus dos orejas reglamentarias, un añadido de bigote frondoso, berruga pilosa en la base de la barbilla, tosco y con tendencia al olvido de las más elementales reglas de urbanidad y decoro. El otro tipo, al que denominaremos Sujeto B para preservar su derecho a llegar tarde a casa sin tener que dar explicaciones es un caballero espigado, inquieto en su recorrido visual, nariz en cara, bolígrafo en bolsillo y dos pies izquierdos. Pero la primera impresión nos engaña.

Lewis Artemio les da la bienvenida a su fábrica de ideas

Con una sonrisa en los labios, Lewis Artemio conversa sobre su descubrimiento con el resplandor ocular propio del padre de la evolución humana. Estos dos sujetos de investigación son vecinos suyos sin parentesco alguno, sin nada mejor que hacer que prestarse a los devaneos científicos del profesor loco del quinto b. Con mente preclara, ha sentado a ambos en el salón de casa una media de cuatro horas al día ( sin contar periodos de salir a por recados ) y ha conseguido convertir a estos dos completos desconocidos en hermanos gemelos genéticamente casi similares. La similitud de ambos sujetos no salta a la vista ni arreándole una patada, aunque ambos señores declaran “pues yo sí que creo que el vecino del segundo derecha cada vez es más hermano gemelo mío”, y la verdad es que desde cierto ángulo y desenroscando las bombillas, sí que se les encuentra parecido. El resultado de las investigaciones no es definitivo, pero Lewis nos aclara que “no creo yo que siga investigando esto, me pondré con otra cosa”.

Luís Augusto Pandeajo, profesor de matemáticas suplente de la Academia de Recuperación Veraniega Virgen de la Insolación.


Nota de redacción:
Estaremos unos días en Ciudad Capital desfaciendo entuertos y descubriendo misterios. Hasta entonces dejen sus avisos en portería. Atentamente.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

ande estareis ande estareis? yo quiero veros, yo quiero veros, un saludo desde la costa

Mr.Incógnito dijo...

Tras el enigmático mensaje podemos asegurar que volvemos a estar dónde siempre hemos estado y que durante el viaje no hemos roto nada ni podrán demostrarlo. Saludos desde el sótano.

Anónimo dijo...

Y es que el roce, hace el cariño.
Y el perro acaba pareciéndose al amo ¿no?
Parece el típico ejemplo de la Teoría de Contacto...le preguntaré a mi primo el Ratón de Biblioteca, ése sí que sabe.

Mr.Incógnito dijo...

Pregúntele y de paso si es tan amable nos proporciona su número de busca...a ver si nos pegamos un ratito a él y aprendemos algo.