domingo, 16 de enero de 2011

TAL QUE "ASÍN" SE HACEN LAS COSAS.



DOCUMENTAL MUY LIGERITO PARA TENER TEMA DE CONVERSACIÓN EN LA OFICINA, LA COLA DEL PAN O EL DESCANSO DEL TORNEO DE PETANCA.

HOY: PÚBLICO TELEVISIVO.

Podíamos afirmar la importancia de la animación in situ en los rodajes de magazines televisivos, tertulias y otros efluvios catódicos sin temor de lucir un rojo precioso en los pabellones auditivos. La conmovedora risa enlatada, grabada durantre el discurso de desvestidura del presidente Jhonsson Hurray de Luxe nos ha acompañado, divertido y taladrado las capas más profundas del cerebelo desde su grabación en un multipistas en el año sesenta y nueve. Hoy, el espectador de córnea reseca y garra prensil en el mando, quiere ver a semejantes entre los asistentes los bodrios televisados. Acompáñenos a un recorrido alucinante para ver cómo se hace, desde cero, uno de estos espectadores.

Exterior día.
No cualquiera puede llegar a ser riechistes de sobremesa, furibundo opinador espontáneo o cara para empapelar un fondo. A primera hora de la mañana, en la puerta de los estudios de Antena Telebrinco sitos en Avenida Chorreras de San Tiponce 36, quinto izquierda, aparca un inquietante camión. Con cuidado de moratones y demás desgracias a nivel personal descarga a los aspirantes a espectadores más frescos, recogidos el mismo día de la explotación a cielo abierto Herederos de Perico Gigahertzhio. Aquí los vemos, abrazados con emoción a la fría pared de la nave industrial. El entusiasmo es bien recibido entre los adiestradores, que son los primeros en recogerlos y encaminarlos hasta el interior. Absortos, como perros hambrientos en el Oktoberfest Salchichero Germano, son conducidos hasta los distintos platós. Su grupo intelectual es estrictamente vigilado y cada grupo de público se precipita por estas rampas hasta el estudio correspondiente. Vamos a centrarnos en este tipo cetrino y obtuso de mirada torba. Parece llevar reflejado en el rostro un número de asiento, siempre en la tercera fila. Su corbata lucirá muy bien con el invitado del programa-concurso-debate-retransmisión de saltos de trampolín-publireportaje de la mañana. Esta cinta transportadora deposita a los elegidos en el sector seis. Un sector revolucionario. Lo verá después de unos anuncios de medias tupidas para alpinistas.

La aventura no está reñida con la sensualidad.

Interior futurístico.
El sector seis. Un secreto bien guardado, hasta hoy. Unos operarios, que bien parecen ir a levantar el anexo del aeródromo de Villalpando, ataviados con cascos y monos reglamentarios, procenden a instalar un sencillo mecanismo en la nuca o rabadilla del público. ¿Pero para qué diantres sirve esto? No alce los hombros, no vayamos a tener un esguince. Este sencillo muelle, activado a decisión de dirección del programa, hará asentir satisfechos a los presentes. Vemos en esta prueba, rodada en elegantes tonos verdes y grises y con una película de un grano tan grueso como para molerlo para infusión, como un plató ocupado por más de cincuenta personas pueden asentir a un tiempo. Vemos también como es posible activarlos para simular distintas ideologías, entendidos a destiempo e incluso combinarlos para crear una bonita ola de cabezas satisfechas. Calandrio Moflete, jefe de equipo, comenta “estamos empezando a exportarlo, es todo un éxito en ruedas de prensa, mítines, maitines y demás contubernios”. ¿Es cierto que son apuntados con fusiles de cerrojo para obligarles a sonreir? Atienda estos comerciales de leche cuajada para el intelectual medio.

Porque Vd. no se puede limitar al postre consumido por el vulgo medio.

¿Qué hay de verdad en las armas? No es cierto, ya casi nunca se apunta al público. Las menesterosas manos de las maquilladoras lo han solucionado de manera pacífica. Eleuteria Santiponce, enyesadora y espolvoreadora, dice a cámara “es una sencilla resina en las comisuras, hace estirar los músculos, sonreír y montar un muestrario de empastes que ríase usted del taller de un ortodoncista”.

Plató Mil Quinientos Treinta y Seis y Siguientes.
Estamos en directo. El invitado, un prestigioso catedralicio de Derecho Ajeno y Desfalcos por el Puente Aéreo de Parchelona-Fernando Poo, cuenta sus verdades en una entrevista de mínima audiencia. Acaba, para horror de los entendidos, de mezclar el diferencial del Producto Interior Muy Bruto con la tia de las Mininas. Pero nada ha de ocurrir, el público imita con dedicación los gestos de unos mimos profesionales, ocultos a las cámaras. El muelle en la cabeza y la sonrisa hace el resto.

Quedénse hasta después de la próxima pausa, de una duración tal que haría enfurecer a un koala, para asistir a los últimos segundos innecesarios de este documental muy serio. Si usted cambia, sepa que, con su indiferencia, está asesinando las marcas que le vieron crecer y salvaron a su gato del árbol. No, no se disculpe, amigo. Usted no es humano.

Un documental audiodescrito para lectores, cuya señal hemos pillado de rebote pinchando con una pinza de tender la paraembólica del vecino.

2 comentarios:

El Señor de las Moscas dijo...

La imagen de un koala enfurecido me parece la más poderosa del chorrón catódico-multimedia, tengo que decir. ¿Pueden ustedes imaginárselo? Un koala enfurecido. O enfadado a secas. Dejémoslo en cariacontecido. Yo particularmente no puedo.

En otro orden, ¿quién es el tipo del anuncio de la cuajada? Porque me recuerda peligrosamente a un político catalán de esta nuestra España, militante de filas verdes para más color y apellidado Herrera, para más detalle. Agradeceré cualquier información al respecto cual en canción de mi unicornio azul ayer se me perdió.

Mr.Incógnito dijo...

Sólo imaginar al animalillo frunciendo el entrecejo ya te hace encomendarte al malvado demiurgo o a la deidad de guardia.

En otro orden, un señor que amablemente se brindó a una sesión fotográfica para nuestro archivo de montajes sin fronteras. Ya apareció en la recordada velada de lucha intelectual, que podrá usted recordar aquí http://sotano71.blogspot.com/2009/06/intelectual-catch.html
Si lo sacamos una vez más tendremos que hacerle contrato. Esperemos que nunca ocurra.