“NO SIN MI POLTRONA” (1972).
Celuloide revisado fotograma a fotograma por Heriberto
Bisoñé.
El título que nos ocupa marcó una descarnada y profunda
dentellada en el cine de autor de los años del bigote y la pernera de elefante.
Este opresivo ensayo ha trazado con tiza el cauce a seguir por títulos
preocupados en lo político-social tan influyentes en el mundo de hacer cola en
taquilla como “Liberteratum” , “A mí que me registren” (Register me as you can)
y “La Lola nos lleva al Congreso”. Por todo ello es importante conocer algunos
datos de ella para poder poner cara de suficiencia en la estantería de deuvedeses
de su centro comercial más querido.
Su director, Emil Posturitas, también se encargó de la
adaptación del guión, el plegado de las hojas y de arrancar las grapas que no
terminaban de penetrar el papel. Según recoje su biografía no póstuma y ligeramente
autorizada, “Querían rodar en tonos sepias directamente, para ahorrar usando un
antiguo rollo de cinta sin usar de Los Diez Mandamientos 2: La letra
pequeña.[...] Yo me esposé a la barra de un bar y no me solté hasta conseguir
que la cinta tuviese ese tono entre azul y verde enfermizo que hoy la decora.
Mi caprichitos, mire”. La historia, desarrollada en tres horas y cuarto con un
descanso de quince segundos para preguntar por el pipí-can, orbita alrededor de
Algenzo Periboña, candidato a Comendador de la Cucaña, en la inhóspita región
transalpina del Triquitriqui. Recogido en su juventud por unos zíngaros sin la
menor visión de futuro, se relata su periplo infantil usando los mismos
decorados que el famoso film “Me casé con un hombre lobo y no le dejé salir por
las noches” (“No more full moons for the married Werewolf”). Para algunos se
trata de un erudito guiño de ojos al connoisseur cinéfilo. Para otros es tener
más cara que una esfinge.
Los bosques brumosos dan paso a los comienzos en la política
local de Algenzo. Su característico arrastrar de pies se ha atribuído al
simbolismo inherente de cargar sobre sus hombros con la trama y a su vez con la
responsabilidad de retratar a los esforzados hombres que se encargan de bombear
esperanza a la marchita democracia. Posturitas añade a la cuestión “creo que le
dieron unos zapatos dos tallas más pequeñas. No dijimos nada en su momento y
creo que los pasos torcidos y la cara de sufrimiento en los primeros planos
rellenaron mucho simbolismo de ese”. De
la mano del candidato recorreremos el carácter único de los hombres y mujeres
de la Cucaña, que con su impresionista retrato de marcados e inquietantes
claroscuros, obra de un vecino de Luiso Buñuelo, nos transporta a nuestro yo de
antes de ahora, único e inquebrantable, resignado al sacrificio y al mangoneo
ajeno. Posturitas, con su bien conocida modestia, le quita mérito al asunto
“rodábamos casi siempre a primeras horas de la mañana, cuando las autoridades
del pueblo andaban enfrascados con el desayuno. Todos los figurantes son
habitantes del pueblo y todavía deben andar esperando salir en el reportaje del
Informe Quincenal una noche de estas”.
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Cartel galo del film. |
El nudo gordiano de la película, su leif-motiv, en
definitiva el intríngulis, acontece cuando el gobierno de la Cucaña en pleno
debe dimitir por una trama oscura y siniestra obcecada por no dejar cambio de
monedas en las arcas municipales. Algenzo, sin resignarse y creyéndose
absolutamente libre de toda culpa, resiste en el hemiciclo en una memorable
escena de veinte minutos donde se le ve
sentado en su escaño en mitad de un hemiciclo vacío. Esta porción del metraje retrata el aislamiento a la que
conduce el camino recto y el absorto estupor que traslada la pantalla cuando el
espectador, en su soledad, se relaciona con el personaje y se identifica con él
en ese acto de absoluta inacción. La revista especializada Les Agujerés Du
Celuloide dijo en su momento “Es la obra cumbre de la denuncia política desde
las entrañas. Posturitas nos hace olvidar que hasta el momento solo había
dirigido publireportajes de Gaseosas Primorosas.” El director volvió a probar
suerte en el mismo terreno con “Discurso de hiel”, “Es que sus señorías no
callan ni metidos en un saco” y la coproducción franco-transiberiana “El
ministro invisible”( Невидимый министра), con
desiguales resultados.
Recomendamos encarecidamente su visionado a todo aquel
cinéfilo con carnet que solo esté dispuesto a asistir en la pantalla a
persecuciones por un ideal, explosiones en la conciencia y tacos provocados por
la angustia vital.
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