Mostrando entradas con la etiqueta Ideas prestadas por Salvador de Pestaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ideas prestadas por Salvador de Pestaña. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de septiembre de 2011

IDEAS PRESTADAS. POR SALVADOR DE PESTAÑA.

ASUNTO DE GRAVEDAD.

Debo admitir que me encuentro inmerso en estos últimos tiempos en un grato esfuerzo intelectual. He considerado beneficioso robarle algo de tiempo a mi pasatiempo preferido, el mirar hacia la nada con las manos cruzadas a la espalda, dedicándolo al noble arte de la culturización general. He soportado con estoicismo las chanzas de mis pocos allegados cuando me han visto abrazado por el sofá con un tratado en las manos. Aunque no lo crean, soy una persona de carácter jovial. Es por eso que los despido a todos con una sonrisa mientras reparto cartuchos de sal. Nunca los compro de pólvora, me parece un gasto supérfluo y no reembolsable.

No quiero meterme en mis asuntos cotidianos, pues me trae a la palestra un descubrimiento físico que he tenido la oportunidad de conocer a raíz de esta afición mía. El ropavejero de la comarca pasa por mi finca una vez al mes antes de dirigirse a la incineradora. Aprovecho para seleccionar alguna obra que no huya a hombros de una marabunta de carcoma. El otro día me llamó poderosamente la atención un pequeño libro de ciencias de un tal Niuton. He deducido que debe ser un científico nuevo por su escritura y sus conocimientos, que en breve y para su regocijo pasaré a poner en tela de juicio con gran profusión de espumarajos.

Habla con desparpajo de la ley de la gravedad. Y no quiero relatarle las barbaridades que desglosa en sus tratados. Nunca mis cejas escalaron tanto mi respetable frente hasta hacer cima en la coronilla del puro asombro. Los que tienen el honor de servirme nunca me han visto tan furibundo, y tengan en cuenta que tengo por costumbre discutir dos horas diarias con la chimenea. ¡Maldito invento caótico de cimbreantes e imprevisibles llamas! Vuelvo en mí para no salir de mi asombro. Habla con suficiencia de su monserga de la atracción de los cuerpos por el planeta, el empuje, el peso y alguna barbaridad más que me ha llevado a la carcajada indignada.

Caballerete, está usted sumergido en la pestilente ignorancia hasta los pabellones auditivos.

Me consta que leerá esto. Ustedes los jóvenes, no sé por qué clase de sortilegio, pasan horas buscando su nombre en sus maquiavélicos cacharros para saber qué opinan de sus batallitas. Yo le explicaré en qué consiste la gravedad. La gravedad es tradición. Ale, ¿cómo dice que se queda? ¿Fórmulas matemáticas? ¡Ja!, observe mis empastes de platino mientras me carcajeo ante su folletín. Mi padre siempre estuvo de pie en tierra. Mis tíos, los Marquesos de Pularda, siempre caminaron erguidos. Yo nunca he volado y por añadidura todo mi servicio, contagiado de mi rancio abolengo, arrastran los pies por la tierra. Las personas de bien ni levitan, ni se sienten ligeros y por supuesto, al llegar a los terrenos de bruma previos a los fatídicos monstruos abisales que circundan nuestro planisferio, se rizan el bigote y vuelven a casa justo a la hora de la cena.



Se lo voy a dejar claro. La gente está pegada al suelo porque aún queda un poco de decencia, pegamento moral que sostiene a las naciones dignas. Quizás sus amigotes librepensadores floten. ¡Quisiera yo verles reunidos en torno a una mesa agarrándose a sus asientos para no salir volando del bochornoso café que les permite reunirse! Pero en lo que a los míos respecta nos mantenemos en el suelo porque es lo que se espera de nosotros. Tome nota, caballerete Niuton. Respete a sus padres y no se pregunte incongruencias.
Como dijo el gran dramaturgo Heliodoro Fenettre: “importantibus res resolutum scripti”. Por si no domina las lenguas clásicas, viene a decir que, así en traducción libre y sin aspirar a ser tan entendido como usted, “Está todo dicho”. Y punto.

Por ese motivo nunca leo ningún libro que no amarillee. Los bohemios juntaletras sólo aspiran a cambiarle a uno la idelogía por otra más infecciosa con el sólo contacto con el papel. Por el momento volveré a contemplar el horizonte enfundado en mi batín. Con más ahínco si cabe, no vaya a ser por manos del demonio que acabe yo volando por desatender tradiciones familiares.

Salvador de Pestaña.

domingo, 13 de marzo de 2011

IDEAS PRESTADAS, POR SALVADOR DE PESTAÑA.

¡QUÉ ME OIGAN ALTO Y CLARO!

El fútil ejercicio de sacar a bailar la libertad a los sones de la canción más afín al gusto del pelanas de turno sonroja al más cerúleo rostro. Nunca tal dama alada estuvo en tantas bocas, viendo como su recatada condición era arrastrada cual vestido de baile en un cenagal. Porque la situación abandonó la estación del castaño oscuro en un tiempo borroso inalcanzable. ¡Dedo acusador parapetado tras el cristal, me señalas como amante de la absenta, admirador del láudano o simple chalado con el que mondarse! Yo torceré su dedo con mi palabra y lo avergonzaré hasta extremos insospechados.

Quiero que reflexionen, ¿qué hay de malo en santificar una fecha memorable en los límites de mi propiedad? Acto heredado del incansable oscilar del péndulo, ha llegado hasta mis días y reposa en mis hombros la responsabilidad de regarlo con el agua del recuerdo, podar los rumores que sobre estos hechos pudieran derivarse y disfrutar con su candor florido. ¿Y si les dijera que en este acto mis ancestros celebran la feliz iniciativa de liberar a todos sus esclavos?Ah, ya querrán ustedes esconderse acosados por la encarnada vergüenza. Estos esclavos tuvieron a bien poblar los alrededores de manera civilizada, y aunque aún hoy tememos su revuelta por rencillas del tiempo del trabuco y por ello vertemos algunas opiniones negativas sobre ellos de cuando en cuando con el elevado fin de probar su rectitud moral, pese a todo se han comportado como las personas que pretenden ser. ¿No es motivo de festejar? No para algunos de ellos.

Mis fastos comienzan con una sentida salva de veintitrés rifles de cachas de marfil traídos expresamente de las profundidades de la misteriosa Áfriga por el que se presenta como tataranieto del sin par Zartán Rey de los monetes, que conserva el buen nombre de sus ancestros. Por lo visto pasan por la lejana Kong Hong y allí le graban el nombre para saltar alguna mordaza legal, pero por su tacto me consta que son auténticos. Después, para que ustedes juzguen cuán fácil resulta sacar de quicio a mis convecinos con cualquier nimiedad, ejecutamos unos disparos al aire con tres cañones antiaéreos, un proyectil por cada esclavo liberado. Estos cañones, usurpados a los temibles Lambruscos Tintos de ultramar me han sido vendidos por una respetable cantidad por un tataranieto del Requetecontralmirante Nelsson & Jhonsson, que guarda una divertida semejanza con el pariente de los Zartán salvada por un profuso bigote. ¿Qué son dos horas de honrosos disparos conmemorativos en un lunes a la alborada, cuando a nadie han de molestar? Por motivo de su admirable trasfondo caritativo he decidido este año del señor de 1984 repetir esta práctica cada primer lunes de semana. ¿Me agradecen este hilar con la historia? Pues mire, pues no.

 

Estos zarrapastrosos zoquetes zampabollos envían a un vocero, un alguacilillo, a rogarme por el silencio necesario para el descanso de las personas. ¡Apenas he empezado con la representación de la Zarzuela! Veintidós horas de pulmones batientes por el cuadro de Fermosos Cantarines de Baddem-Baddem, acompañados por el Orfeón Denostierras, en una obra escrita por un descendiente de Pascual de Talla de gran talento y vendido por un precio razonable. Su parecido a su abuelo compositor es notable, pero más con los Zartán y los Nelsson & Jhonsson. Sin duda los hombres de valía comparten parecidas facciones y profusos bigotes de colores distintos.

Aliño las insulsas vidas de mis convecinos de cuando en cuando. Hago la labor de historiador desinteresado. Espanto espíritus aviesos. ¿Y qué quieren? Silencio. No, no rían ahora, no bromeo. Pretenen imponer su quietud anhelada en mis tierras, las que un día les permitimos labrar sin pedirles nada a cambio y de las que les permitimos partir con las manos vacías. Y ahora los descendientes de aquellos osan aproximarse a las tierras aradas por sus ancestros a exigir a su legítimo propietario que respete su sueño.

Esto ocurrió cuando no habían dado las seis en el reloj. Esas no son horas de impedir el normal desarrollo de tal ejercicio de memoria con reproches. Menos aún de acudir en masa, alguacilillo en cabeza, con cejas cruzadas y reproches en la mirada. Por Júpiter Saturnino, ¡despiertos se encontraban, qué importancia tenía ya! ¿Acaso no saben ya de mi costumbre? Bah, ¡enmudezcan villanos todos! Me arrebatan las fuerzas para celebrar su antigua liberación. Malagradecidos.

Salvador de Pestaña.

lunes, 27 de diciembre de 2010

IDEAS PRESTADAS, POR SALVADOR DE PESTAÑA.


ESCALA EN DOLO MAYOR.

Efigios, sumarios, miniaturistas de la edad media...todos han compartido un gusto insidioso por el horror gráfico que me trae de nuevo ante esta palestra de público enmudecido y ausente. Un acuerdo tácito, rubricado para perdurar más allá de los años, de la piedra y de la pana. Pero permitánme ponerles en situación, para su adecuada absorción de conceptos. Bien es sabido que las mentes planas, tan en boga, no son compatibles con argumentos hilados con brillantez sobre la danza de tiempos verbales.

El galeno me tiene recomendado reposo, y si bien le hago caso, si hubiere recetado ejercicio al relente mi postura hubiese sido similar: sofá de orejeras, reposapiés rematadas con garras de león y flores de lis y la chimenea como todo entretenimiento de mis cansadas pupilas. Con el fin de ahorrar esta arde a base de propagandas de buzón, requerimientos notariales, felicitaciones navideñas y otros papeles fungibles. Crean columnas de tinta en combustión que han logrado desplazarme, en ocasiones, a derretidos parajes de imaginación, relojes flácidos y elefantes de cuatricomía. Pero eso sería un ego me acussare para otra ocasión. Un rebelde pasquín se desrpendió de la pila ardiente y fueron momentos de gran zozobra hasta que mi apreciado ayudante de cámara le atizó con el instrumento para tal fin, forjado en hierro, ante mi arenga de capitán de buque. Quise entrevistarme con tal rebelde instrumento de propaganda y allí pude observar la afrenta al orden natural que me trae a mal traer y a su vez me trae hasta esta línea, en que declaro, una vez más, mi odio incomprendido hacia objeto, animal o persona que tanto parece divertirles.

¿Qué sucede con las escalas en los juguetes? ¿Qué está pasando aquí?

En la propaganda prófuga se versan las maravillas de diversos juguetes destinados al entrenamiento manual de tiernos infantes, propicios para que en el día venidero la costumbre guíe sus muñecas a la hora de aflojar o apretar pernos en una cadena de montaje. No seré yo, menos representando a la familia que tuvo a bien engendrarme, criticar esos entrenamientos previos. Pero, ¿son necesarios juntar en el mismo envoltorio un grupo de soldados de rasgos inciertos de un palmo de altura y un avión de transporte que no le llegará a la cintura? Esa es la estampa del mundo que queremos transmitir a los que de él nada conocen. ¡Soldados a horcajadas sobre aviones de toberas taponadas, rebabas de plástico y ruedas sujetadas con un endeble alfiler! Completado con armas de uso personal, de cañón ciego y destinadas, por su insultante tamaño, a compartir entre varios numerarios de ese ejército de mofa, befa y escarnio. ¡Vehículos de cuatro ruedas que bien pudieran servir de patines, señores y esposas!

¿Cuán distante se encuentra la respuesta de los cuerpos educativos, los tutores y el gobierno todo? Cuánto daño a la escala, al status quo, a la razón misma. Flaco favor al absurdo. Hombres de acción provenientes de dimensiones distintas a los vehículos que pilotan. ¿Qué guerras tendremos en el día de mañana? Batallas dirigidas por aquellos que, en recuerdo del juego, pretendido inocente, sobre el frio y duro suelo, enviarán a cuatro soldados acarreando un camión de carga mientras lo adelanta un cazabombardero propulsado por las piernas de un piloto vestido de indio. Mezclas, ¡todo lo arregla el pensamiento moderno con amalgamar churros y molinos!

Sepan que por aquí no paso. Si vuelvo a ver reflejado en algún medio tamaña saña que daña las entrañas, voto a tal que las estanterías de las jugueterías se verían atacadas, vilipendiadas y mermadas a golpe de atizador.

La combustión de tintas compuestas me hace adquirir ritmos impropios en la prosa. Les dejo, aquella elefante albina parece pedirme un cha-cha-chá y es algo que un señor de mi educación no puede negar.

Salvador de Pestaña.


lunes, 12 de julio de 2010

IDEAS PRESTADAS, POR SALVADOR DE PESTAÑA.

ALADAS AVES ACUSATORIAS.

El calado de las ideas que este medio me ha permitido farfullar subido a esta tribuna de oradores de madera de balsa con suelo de linóleo adhesivo es indiscutible. No quizás en el giro copernicano de los usos y costumbres del ciudadano de a pie, mutación conductual esta que no podría yo asegurar sin pasear unos minutos por la rue pública, ¡Y por Júpiter, antes me viere yo trabajando con mis propias manos que aquello sucediere! Para eso ya están los binoculares, novedoso invento de los siempre eficientes Germanos que tengo a gusto recomendarles su uso, por su cristalina claridad y su capacidad de aumentar la realidad.

No, las raíces de mis diatribas se hunden en tierra, quizás no la más apropiada. Abonada con recelo y suspicacias, mis certeros dardos verbales lanzados al común denominador de los mamíferos sobre dos extremidades no han tardado en hacer efecto. Contertulios, es un anuncio grave pues sabido esto mi vida, mi ser y mi colección de pipas a cuerda podría estar en peligro. Porque ante ustedes denuncio el espionaje al que estoy siendo sometido, de unas fechas ciertas hasta hace un rato que, entre visillos y con ojo avizor, dicto el presente artículo, quizás mis últimos pensamientos, a mi hacendoso y desprendido mayordomo...sí hombre...su padre ya estuvo aquí...en el 59 creo recordar...claro venía el ahora escriba con pantalón corto ante el enfado de mi progenitor...¡minucias! Pues yo he de pasar a la historia por mi sacrificio y no este tiraletras con chaleco a rayas.

El pasado miércoles, y siempre por prescripción del galeno que acude sobre el pescante de una calesa por petición mía, para no contaminar las sanas costumbres de esta finca, ese día, prosigo, estiré las pantorrillas trazando semicírculos en apenas unas hectáreas de mi humilde jardín trasero. Pero mi preparación y mis horas dedicadas al ejercicio de la sospecha hundido en el butacón y con la sola compañía de mi fiel y añejo Burbujón de doce años, me hacen estar en alerta apenas pisar el espacio externo a mis seguros muros. Allí, cual cuervo de José Luís Poe, pero con otro pelaje, una tórtola turca ( que la Gran Inchiclopedia Vida y Bestias Finisterráticas denomina como Gallinejautus Turuletus ) acechaba en la rama de un ciprés. Y ante tal metáfora visual de lo horrible del destino, no pude más que encerrarme en casa y dar palmadas tras las contraventanas con la esperanza de hacer alzar su vuelo.

Quizás usted, petimetre, ahora ría con suficiencia, pensando en la locura de este viejo chiflado que, por otra parte, podría quebrar su porvenir con un par de telegramas. Conozca usted de primer brazo mi importante cometido durante la llamada Guerra Tibia. Fui nombrado Oficial Adjunto del Departamento de Cultura por el Gobernador General de Asistolia. Un cometido harto peligroso, cuyo recuerdo me hace incluso hoy morder mi almohada con horror en noches tibias como esta. Mi tarea consistía en sujetar con fuerza los ejemplares transportados por el Bibliobus en su peligrosa ruta BrandemKancilleriem Ja! Y el Kindergarden Infantil Die Zwai Patiten. Quizás su imaginación, aletargada por falsos estereotipos de agentes secretos dictados por los Mayonesistas no considere peligroso lo que allí sucedía. Tendría que haber visto las taimadas intenciones de todos aquellos agentes secretos, en cuclillas, disfrazados de niños de tres años, simulando leer “El Osito va de Compras”. ¡Ya muchos me advirtieron que eran infantes reales! Pero entonces y ahora, cual croqueta enrollada en los visillos que mi señora madre tuvo a bien traer de la lejana Galería Tarangana, ¡a eso digo no! [manchurrón] Con tal fuerza que mi escriba rompe la punta de su lápiz, y por ello será debidamente castigado y el valor del citado instrumento será descontado en patatas de su próxima e incierta comida.

Dice la pérfida avegruuu gruu, siendo lo segundo innecesario, tal y como si no conociere yo sus designios. Y se libra de parásitos, o eso hace ver y se comunica con sus empleadores mediante un diminuto micrófono prendido en su buche. Los secretos conocidos durante mi estancia en el límite exacto del escenario internacional de espionaje y el contubernio no saldrán de mis labios. ¡Y en cuanto me acerquen mi noble sable de acero inexorable, Voto a Bríos que esa pérfida tórtola pagará con plumas la afrenta conducida por sus oscuros patronos!.

Firma Salvador de Pestaña a tantos y tantos de nosecuantos.

¿Sigue ahí el pájaro? ¿No puede salir nadie con un palo o algo para asustarla?¿Sigues escribiendo rufián?

lunes, 18 de enero de 2010

IDEAS PRESTADAS, POR SALVADOR DE PESTAÑA


DEL VICIO MAL APROBADO Y PERMITIDO.

Muchos son los vicios perniciosos para el alma y la carne picada que nos rodean por alrededor, muchas las tentaciones a los que los más débiles sucumben con placer mal disfrazado. Muchos, que preguntados en la vía pública por audaces reporteros de la rue respecto a su no declarada adicción argumentan poder abandonarla en el preciso momento en el que tomen una decisión desplazada inaeternum, o como decía el insigne Monsieur De Laspigarda “Si eso mañana”. Y lo que es aún peor, la adicción que hoy vengo a denunciar con dedo acusador de viejo majara está aceptada socialmente.

No es extraño ver a esos pobres infelices en pleno acto de consumo en autobuses, consultas médicas o parques. Aunque en este último término debo confiar en los testimonios de mis allegados más paupérrimos, si bien estos son pocos. Imaginar verme a bordo de un autobús de línea regular me hace plantearme seriamente arrojarme a las abrasadoras fauces de la chimenea del salón, fútil intento esto pues nunca la enciendo, para desperdiciar mi fortuna en madera estoy yo. ¡Y al precio que está el cerillo, fósforo u misto! Usted podrá observar a los infelices en plena vía pública, como les digo, arropando al pernicioso acto de cotidianeidad, haciendo normal su uso y disfrute. Contagiando la enfermedad, pues como tal debe verse. Una enfermedad que usted puede padecer, los suyos, ¡su vecino incluso!, sí, ese de biblioteca diaria.

Sopas de letras, ego te acussare.

Y disculpen este uso exagerado del efectismo literario de más bajo calado, usado por mí ya en alguna ocasión, pero es esencial que ustedes se percaten del peligro intrínseco de los vericuetos mentales de fácil consumo que ofrece este mal llamado pasatiempo. Un ejercicio que ha atrapado a generaciones enteras, inmersos en la búsqueda de palabras inconexas, no ya por el afán de culturizarse, como los autodefinidos, de los cuales soy declarado admirador, furibundo defensor y ¡ay de aquél que ose en mi presencia criticar la estudiada distribución en tablero de ajedrez impresionista de este elegante pasaratos, pues probará el amargo sabor de mi alfanje toledano en cuanto mande al mayordomo a la planta superior a buscarlo! No me sulfuren, se los pido por pedírselo.

Un fútil ejercicio de búsqueda que atrapa a todo el que pasa por su lado, obligándolo, cual puzle malévolo, a buscar un par de palabras o tres ¡para condenarse de por vida! Puesto que dejará el alimento, el paseo, la asistencia a la Ópera y todos los quehaceres diarios de la gente de bien en detrimento de navegar en ese malévolo caldo de cultivo trufado de caracteres, queriendo cada vez más, buscando mayores retos, ¡inclinándose por olvidar la tergiversación y el desfalco, interés nacional, y concentrar sus esfuerzos en este reprochable ejercicio de hedonismo mal llamado intelectual!

Mi denuncia al vicio, a aquellos que los practican delante de niños y aquellos comerciantes asiáticos que los distribuyen con libertad en sus comercios. Trabajadores que habría que denunciar por su total voluntad de trabajo constante, sus bajos precios y su apertura en festivo. Condenen estas actitudes importadas, que no turbe su opinión el no querer parecer racista y que el 90% de sus mercancías sean patrias si no locales.

Claro está que la descripción de estos comercios la hago de oída. Antes me arrojaría a las abrasadoras fauces de...bueno, ya saben, soy mucho de episodio dramático y de revolcarme en cenizas de más de treinta años.

Salvador de Pestaña.

jueves, 1 de octubre de 2009

IDEAS PRESTADAS. POR SALVADOR DE PESTAÑA.



ESPÍRITU PATRIO PLANO.

Estimados contertulios. Heme aquí, azotado por los nuevos vientos, pluma en ristre, dispuesto a despotricar, a lanzar soflamas y en definitiva, quejarme por todo y por todos. Las nuevas tecnologías. Aviesos inventos venidos allende nuestras fronteras, en las tierras anejas a Siam, repercuten en nuestro vida diaria sin posibilidad de alzamiento de masas, a no ser por las oportunas ofertas de las grandes superficies comerciales. Estos inventos, vecinos, afectan a nuestro sentir patrio.

Y no porque lo diga un viejo loco con patillas de hacha, escopeta de doble cañón en ristre e ideologías tan trasnochadas que aún no durmieron. El desembarco de estos nuevos inventos vulneran de muerte nuestra identidad patria, y esto lo puede comprobar usted en su propia casa o en la de su vecino en una de esas visitas a su señora vecina que se prolongan hasta altas horas. Observe esa obsesión, rayando en lo patológico, por lo fino, lo breve, lo plano y lo leve. Dispositivos alienantes reducidos a su mínima expresión: la pantalla.

Recuerdo con afecto y emoción aquel día, marcado en el calendario de los más veteranos, en los que la tele entró en nuestras vidas. Como no podía ser de otra manera, un camión cargado hasta las ruedas de aparatos receptores llegó a nuestra humilde mansión. “¡Ni una habitación sin televisión!” gritaba mi padre, alborotado, a los mozos porteadores. En torno al mayor de los aparatos toda la familia, rodeados de retratos de ancestros al óleo, observábamos absortos el progreso mientras enviábamos al personal de servicio al cuidado de los aparatos de otras habitaciones, que daban debida cuenta de lo sucedido en las otras pantallas. Era 1996 y mi familia había descubierto la televisión.

No puede negarse la habilidad de los pérfidos seguidores del comunismo más oriental. Sabedores de su posición privilegiada en cuanto a cacharros con válvulas se refiere, su salto tecnológico ha ocasionado la pérdida de identidad de la civilización occidental. Ya las habitaciones se decoran derredor al aparato, siendo todas gemelas unas de otras, independientemente del hogar que visitemos a la hora del café con porras ( si no es así, servidor no se mueve del sillón de orejas ). Ya los mensajes hertzianos son comunes a todos. Ya los alegres colores aletargan al prójimo, que abandona otras prácticas aletargantes clásicas más de mi gusto.

Pero no es el manejo de masas lo que vengo a denunciar en este medio, mi estirpe debe mucho a estas prácticas ligeramente ilegales y no seré yo a estas alturas el que me declare díscolo a los principios familiares. Amigo lector, tu que me lees probablemente en una pantalla plana, atiende, pues puede serte provechoso. La familia hispana tenía a bien decorar este aparato, bienamado desde su entrada a nuestras vidas, de diversas maneras: un primoroso paño de crochet, un recuerdo de una visita a tierras lejanas sitas en la Costa Brava...¿O acaso no recuerdan ustedes los famosos adminículos centrados en el noble arte de la tauromaquia? Astados, diestros y folclóricas de cartón amenizaban la parte superior de este electrodoméstico amigo. ¿Y ahora, pregunto, acaso puede colocar usted un torero de plástico sobre la ultrafina pantalla? No se esfuerce en vano, mi mayordomo ya lo intentó con la diestra y, a mi pesar, con la siniestra, y no hay manera de que se sostenga en pie.

Amigos, el progreso diluye los iconos patrios. ¿Qué será lo próximo? ¿Nos prohibirán los churros por perniciosos para la salud? ¿Renunciaremos al carajillo mañanero? ¿A reclamar el Peñón? Pardiez, a ver si vamos a terminar progresando. Y por ahí no paso.

Salvador de Pestaña.

viernes, 21 de agosto de 2009

IDEAS PRESTADAS

LA NECESIDAD DEL PIM PAM PUM

El ser humano contemporáneo, aquel que yo conocía bien hará cuarenta años y con el que no me mezclo demasiado desde que me mudé a este rincón apartado de la campiña, ese ser humano, que supongo no habrá cambiado desde mi última visita, parece ser adicto a hacer la puñeta al prójimo. Si es vecino circundante, aún más. Le pregunto a mi mayordomo, el no sabe responderme, puesto que su relación con el exterior es aún menor: sólo cruza palabras con el chico del reparto del supermercado. Y le tengo advertido que más de dos frases es amistad, y no tolero relaciones entre mis subordinados. Por tanto, sólo ustedes me darán la razón o vendrán a pedirme explicaciones. De ser así sepan tendrán ración de perdigones de sal para todos.

El asunto es llevarse mal con el vecino. Desde la microvida, el “ese alcornoque está dos palmos dentro de mi finca” a la macrovida, eso de “ese pueblo que es tuyo, cien años antes era mío, y es verdad que antes de eso era de tus ancestros pero los míos te lo quitaron a base de cañonazos, y si ahora me lo quitas atente a las consecuencias: tengo cañones con ruedas que se mueven con rapidez”. El ser humano, marmolillo y zote como el sólo puede serlo, imbuido en unas características genéticas ancladas en el rencor y en la máxima “lo mío para mí, lo tuyo lo compartimos” adora estar a la gresca. Si bien es raro, pero no inédito, pelearse demasiado con vecinos de ultramar, es más lógico que los vecinos de lindes lleguen a las manos, a los bocados y a las patadas bajas, símbolo de las bajas pasiones. Esto no sé lo que es, pero lo leí en una novela del oeste y estaba deseando ponerlo por escrito.

¿Qué quiero decir con esto?. A los vecinos hay que tenerlos vigilados. Atados cortitos. Pues si concedes privilegios un día, al día siguiente estarán reclamando ese privilegio y otro nuevo. ¡Y al final acaban con los pies sobre la mesa invadiendo salones ajenos!. Y proclamando ideologías infecciosas. Y robándote el desodorante con la excusa de “total, si es sólo un poquito”. ¡Los desodorantes de barra no se comparten, señor mío!. Tal afrenta a la higiene y a su vez a la propiedad privada me pone de tan mal café que voy a insultar a alguien del servicio y ahora prosigo.

Más tranquilo y centrado, como les decía, deben vigilar a su vecino. Y si usted que me lee, está ocupado en tareas de dirigir estados, esa advertencia se extiende a países limítrofes o a alguno más lejano con ganas de revanchismo porque los tatarabuelos se tiraron los trastos a la cabeza. ¡Y no quiero decirles ya si en vez de pensar como usted, que el mundo lo hizo un señor en seis días en turno de mañana, su vecino mal encarado es de la opinión de que el mundo pudo hacerse solito!. Debería extremar las precauciones si no quiere que en sus hijos, a la vuelta de unos años, aparecen en casa con malas notas y creencias religiosas alternas.

Por tanto, como columnista avezado y con el derecho a opinar como otro idiota más, debemos considerar enemigo al vecino, al señor del pueblo de al lado, a los habitantes de la pérfida Albión, y a todo quisque. Eso es lo que me hace pedirles a ustedes que se unan a mí para combatir, junto con el personal a mi servicio y rifle en ristre, a las hipotéticas y aberrantes criaturas que amenazan con invadirnos desde la cara oculta de la luna, los planetas de Marte, Júpiter y Urano y contra todo aquel que nos mire con ojos cruzados. Mañana puede ser tarde.

Salvador de Pestaña

viernes, 26 de junio de 2009

OPINIONES ALQUILADAS POR SALVADOR DE PESTAÑA.



SON USTEDES DE LO QUE NO HAY.

Es para que ustedes se vieran día sí y día también desde lejos, como hago yo, apartado de toda influencia social en mi modesto castillito. Y lo digo en tono de áspera reprimenda. Se les puede acusar de falta de tacto y compostura en multitud de áreas, pero si hay algo que me enerva el espíritu y me carda el pelo es su total falta de tacto para con los humildes hombres de negocios, dedicados en cuerpo y alma a satisfacer sus ansias consumistas. ¡Si es que se me molestan ustedes, pueblo villano, con todo caramba!

Lustrosos jóvenes decentemente vestidos se presentan a su puerta, lean con atención, a su puerta. Le ahorran el esfuerzo de acceder a las transitadas vías comerciales en busca de productos o servicios. No contentos con ello, no cejan en su empeño de facilitarles la vida y le ofrecen un producto, seleccionado entre muchos, con la garantía de ser lo mejor en el ramo. Recopile usted, si me es tan amable. Le traen lo mejor a casa. ¿Y cuál es la respuesta del pueblo llano?. “No”. Sin atender a razones, sin esperar a convincentes explicaciones, sin mirar la documentación que pacientemente han reunido y llevan a cuestas. A usted no le interesa, si mirar siquiera. Y así se marchan, apesadumbrados, comerciales derrotados escaleras abajo, con la moral rota, con los sueños rendidos. Y a usted no se le cae la cara de vergüenza. No. Cuando su familia pregunta ¿quién era?, usted responde con descaro, “uno que quería vender algo”.¡Algo!, usted no recuerda si se trata de moderna telefonía sin cables, grandes obras del pensamiento occidental, seguros para usted y lo suyos, inversiones jugosas, material escolar, mantas compostelanas, limpiadoras a vapor, cuberterías, servicios de internet, divulgativa televisión por cable... Ganan me dan de llegar a las manos, pardiez.

Al día siguiente deben retomar su esfuerzo, cargando con las negativas, buscando nuevos beneficiarios. ¡Auténticos filántropos!. Y no hablemos de los esforzados telefonistas, puesto que me podría subir la tensión arterial y acostarme entre la siesta y el sueñecito de las ocho. Realizan miles de llamadas en su jornada laboral, en un estrecho cubículo, ofertando productos de primera necesidad. Ya no le exigen a usted levantarse a abrir la puerta. Con la intención de ponérselo fácil, con un “sí” y unos dígitos de su cuenta bancaria, en un plazo no superior a seis semanas puede disfrutar de servicios, material de ocio o alimentación sana y ecológica. Pero ustedes no oyen, escuchan, como romántico tras la ventana al caer la lluvia, más pensando en la amada que en la sinfonía de las gotas al caer. A usted, perdónenme el improperio, les importa una chufla, ¡media chufla diríase!, estaba muy ocupado en la siesta o mirando un magazine vespertino, o retozando con su señora. Al colgar, un sencillo supervisor debe acercarse al teleoperador, palmearle el hombro y decirle “no desfallezcas, estás trabajando duro, pronto alguien adquirirá nuestro producto y podrás alimentar a tu familia”. Bochornosa su actitud, lector.

¡Ah cuando yo, y quien dice yo dice mis mayordomos, debían ir a comprar a donde sea que se compre, a buscar agua al pozo, a traer el correo...! Y en pleno siglo XXI se quejan ustedes de que les lleven la compra a casa, de que se les presenten ventajosos bienes de consumo y servicios sin ustedes ni siquiera pedirlos. Vamos, para que les deporten a todos. ¡Quítense de mi vista, pelagatos!.

Salvador de Pestaña.

martes, 17 de marzo de 2009

IDEAS PRESTADAS

CARAMBOLAS INDECENTES CON RED.

Si son ustedes personas de bien, decentes, practicantes o enfermeras, en definitiva, si es usted como debe ser usted porque se lo dice otro aunque a usted no le acabe de gustar, estará de acuerdo conmigo. Internet es un peligro. Y sí, es una paradoja que lo diga a través del mismo medio que critico, pero mis sirvientes ya se tienen el cuento aprendido y ardo en deseos de contar mis ideas a otros.

¿Porqué es un peligro? Preguntará usted apuntando a su ordenador con un trabuco del siete con doble cargador y cachas de madera. Por su contenido. En mi larga relación con este medio, imagine, llevo navegando por la red al menos dos tardes, he hallado algo que es, indiscutiblemente, una materia no apropiada para niños de corta edad y mayores que siguen pidiendo año tras año el catálogo de juguetes de los grandes almacenes El Porte Finlandés. Este tipo de personas no deben asistir, con la facilidad que otorga deletrear la materia en ese teclado, instrumento del diablo aún más peligroso que la ouija, a ciertos espectáculos bochornosos, vergonzantes, miserables y otra serie de calificativos de los que no haré uso por tenerlos encima del armario y no tener al mayordomo a mano.

Las estufas.

¿Cómo pueden las autoridades laxas de este país permitir la inclusión de anuncios de estufas al alcance de todos? Descritas con todo lujo de detalles, con fotos anteriores, posteriores, ¡en mitad de salones de residencias privadas!. Esto es un disloque, ¿esto es democracia? ¿a esta pantomima ha llegado el estado de derecho? Cualquiera desde su casa puede entrar en un buscador, y en soledad, refocilarse las pupilas con la imagen de estos instrumentos.

Por si esto fuera poco, vengo a denunciar el hecho de que las empresas suministradoras de este producto se anuncian libremente en la red, propiciando que cualquiera con una tarde libre y con metálico o tarjeta pueda acercarse al centro de su ciudad o a las alejadas calles de un polígono industrial para hacerse con los calientes servicios de este reprochable negocio. No tengo edad para asistir al bochornoso espectáculo de la caída de valores morales de la sociedad occidental, propiciada por nuestro presidente, un hombre que critico ahora, y seguiré criticando siempre, sea quien sea el que ocupe el cargo. Soy mayor y rico. Nadie compra mis opiniones. En realidad, yo podría comprar opiniones ajenas por si alguna vez me quedo sin tema para esta columna.

Huyan de las estufas. No permitan a sus hijos contemplarlas en la soledad de su habitación a través de la fría pantalla de su ordenador. Si la gente viera más señoritas y señoras en edad de merecer prácticamente desnudas ejecutando posturas provocativas con buena iluminación e incitando a la lascivia y a la lujuria, esta sociedad marcharía mejor. Ponga una fresca en su monitor y huya de las calientes estufas. Si es usted como yo digo que debe ser usted, lo hará aunque a mí, en último término, lo que usted haga me importe una gaita.

Salvador de Pestaña.

sábado, 17 de enero de 2009

IDEAS PRESTADAS.


A TRABAJAR LES HAN DICHO.

Andan ustedes revueltos, me cuentan los allegados. Al no tener fricción con el pueblo llano de meseta, no podría asegurar que estos rumores fuesen ciertos. Pero soy columnista, y si no opino de vez en cuando me brota espuma de las orejas. Espuma, por cierto, no reutilizable para otros fines. Y no hay cosa que más me enerve de los mismos nervios que perder el tiempo segregando jugos inútiles. Pero vayamos al tema. Los dignos responsables, altos mandatarios y demás correveydiles regentes de nuestros destinos se reúnen un rato, en concordancia con sus merecidos estipendios, y acuerdan en bien de la maltrecha economía, someter a votación aumentar el chorro de horas laborales. Y se les pregunta a ustedes y fruncen el ceño. ¡Pueblo mío, no te reconozco! ( adoro declamar al estilo clásico ).

Antes de antes se les sugería la idea al personal operario patrio de transcurrir alguna hora de más en el entorno laboral y estos, por única respuesta, depositaban la vista en el suelo, la gorra en el pecho y contestaban “sí patrón, ¿cuántas horas patrón?”. Y no acudían los sindicatos, los amigos de la vagancia y los aspirantes a trabajar sin cobrar. El progreso sólo acuna malos inventos. Nada de lo nuevo es bueno. Es más, yo reniego de inventos posteriores al bidet, ya puede usted imaginarse.

Pero dejemos de hablar de mí y continuemos hablando de mis ideas. Se han quejando con amargura ante la sombra del estiramiento de jornada laboral. “No vamos a tener tiempo para los hijos” dicen, “nos van a pagar igual, esto es retroceder”... ¡cuchufletas, pueblo anónimo y malacostumbrado! La tele lleva criando a sus hijos desde que se inventó el color, ustedes suelen gastárselo todo en rebajas del tres por dos en hipermercado y por supuesto que se debe retroceder. ¡Nunca debimos salir del régimen feudal! ¿Conocen ustedes a algún labriego del medievo quejumbroso por su régimen laboral? Pues ahí tienen la clave.

Más allá está el tema que algunos listos con gafas han planteado, “¿más horas produciendo qué, si no se vende?”. No me gusta su tono, jovenzuelo imberbe. Si sobra tiempo, se repinta la factoría, se liman las pezuñas a los burros o se barre la mansión del empresario. Vamos, ¿a dónde vamos a llegar si seguimos tildando de descabelladas las órdenes del empresario? ¿Le ha picado el mosquito del comunismo, hippie? Vamos, es pronunciarlo y subirme unos picores de ideología de rascarme contra las jambas de las puertas.

Y usted dirá seguro de su epiglotis “¿cómo opina usted del trabajo si pega los sellos con la lengua del mayordomo?”. Y le contesto desde el respeto a su posición como el escalón inferior de la pirámide laboral: pues bien que le gustaría a usted que el gobierno me arrebatara mis castillos y mis haciendas para entregárselos a personal que nada tiene. ¡Están acostumbrados, tanto campo no puede hacerles bien! Permítame un consejo o apague el monitor unos segundos: el trabajo, de otros, dignifica. Reparte riquezas a quienes la producen. El pueblo debe acostumbrarse a tirar con menos, un mordisco de rábano, una sopa de piedras y a trabajar con el estómago muy ligerito. Y nada de ocio. El ocio nada más trae dispersión, malos hábitos, lujuria y desenfreno y aspiraciones a ser de la clase alta. Más trabajo hace falta aquí, hombre, y no tanto profano con aires de Conde. Vamos a dejar las cosas como están, que a mí me complacen.

Salvador de Pestaña.

martes, 25 de noviembre de 2008

DE LA NUEVA SECCIÓN "IDEAS PRESTADAS"

EL CASTELLANO EXCLUYENTE.

La situación de las letras en esta, nuestra patria, es insostenible de todas todas. No hay manera humana o robótica de dar por ciertas las desfasadas teorías de unas decenas de señores que se tiene por más inteligentes y se autoproclaman “doctos emperadores de las letras, las tildes, las comas, los dos puntos, los puntos suspensivos y esos dos ojitos negros que se colocan sobre la u de pascuas a ramos” y se quedan tan panchos. ¡Y anchos! Unos pocos no pueden dictar las reglas ortográficas de unos cientos, ¿qué digo cientos?, ¡decenas de personas usando normas gramaticales que ni entienden ni comprenden!. Una felonía. Yo diría más, una barrabasada.

Reunido con mi amigo Servando Brochonez, este me comenta apesadumbrado “veo todos los días desde el balcón de mi humilde palacete frente a la Academia de la Lengua y la Oreja como los académicos se reúnen en sus imperiales sillones, dificultan las condiciones de vida de los escribientes y ríen mientras disparan a los pies de un mayordomo cargado de enciclopedias”. No puedo decir si es cierto o no, pero mi amigo Servando no es de esos que inventan mentiras: las compra ya hechas. Los académicos de la lengua imponen reglas estrictas, poco fiables, desbordantes en definitiva a un pueblo que sólo pretende escribir “huevo” sin “h”. ¿Acaso, me pregunto entre sollozos y golpeando una mesa de pino compostelano, acaso, repito, el huevo es menos huevo si no lleva h?. ¿Es un delito una falta ortográfica?¿Es un delito no pagar los impuestos por mis numerosos chalets de la costa?

La situación es más indignante desde la llegada de internet, ese juguete del maligno. Jóvenes abiertos, puros de corazón, con un acceso a la cultura sin cortapisas, sin límites, se rebelan ante la criptocracia imperante, ante los tecnócratas de la tilde, y eligen, libres, ¡sanos, con gorra en el interior de casa como forma de protesta! escribir sin miramientos de mayúsculas, tildes, separaciones, comas, reglas ortográficas o de decoro o con colores rutilantes y estrambóticos. Esto no debería hacerlos merecedores del insulto, de la burla y el escarnio, de los mercanchinfles de la coma. ¡Mozalbetes, doncellas, no hagáis caso a los que os dicen leer un libro, o escribir correctamente!, lo vuestro es rebeldía, constatación de un enfrentamiento a las más nimia regla gramatical. ¡Con ello conseguiréis sólo entenderos entre vosotros, que vuestro mensaje de rebeldía cuaje entre los púberes y que esos adultos puñeteros tan extraños metidos entre libros y empeñados en enseñaros algo queden con los faldones al aire!

Quizás en un mañana utópico en este país no se entienda ni la madre que nos parió, reine la anarquía y cada cual aparque donde le salga de las narices porque no entiende una señal de tráfico rotulada siguiendo esas estúpidas normas. Dejadme despedirme homenajeándolos: Biba la LivertaZ, Biba Llo, avajo la ortojrafia.

Salvador de Pestaña.