El calado de las ideas que este medio me ha permitido farfullar subido a esta tribuna de oradores de madera de balsa con suelo de linóleo adhesivo es indiscutible. No quizás en el giro copernicano de los usos y costumbres del ciudadano de a pie, mutación conductual esta que no podría yo asegurar sin pasear unos minutos por la rue pública, ¡Y por Júpiter, antes me viere yo trabajando con mis propias manos que aquello sucediere! Para eso ya están los binoculares, novedoso invento de los siempre eficientes Germanos que tengo a gusto recomendarles su uso, por su cristalina claridad y su capacidad de aumentar la realidad.
No, las raíces de mis diatribas se hunden en tierra, quizás no la más apropiada. Abonada con recelo y suspicacias, mis certeros dardos verbales lanzados al común denominador de los mamíferos sobre dos extremidades no han tardado en hacer efecto. Contertulios, es un anuncio grave pues sabido esto mi vida, mi ser y mi colección de pipas a cuerda podría estar en peligro. Porque ante ustedes denuncio el espionaje al que estoy siendo sometido, de unas fechas ciertas hasta hace un rato que, entre visillos y con ojo avizor, dicto el presente artículo, quizás mis últimos pensamientos, a mi hacendoso y desprendido mayordomo...sí hombre...su padre ya estuvo aquí...en el 59 creo recordar...claro venía el ahora escriba con pantalón corto ante el enfado de mi progenitor...¡minucias! Pues yo he de pasar a la historia por mi sacrificio y no este tiraletras con chaleco a rayas.
El pasado miércoles, y siempre por prescripción del galeno que acude sobre el pescante de una calesa por petición mía, para no contaminar las sanas costumbres de esta finca, ese día, prosigo, estiré las pantorrillas trazando semicírculos en apenas unas hectáreas de mi humilde jardín trasero. Pero mi preparación y mis horas dedicadas al ejercicio de la sospecha hundido en el butacón y con la sola compañía de mi fiel y añejo Burbujón de doce años, me hacen estar en alerta apenas pisar el espacio externo a mis seguros muros. Allí, cual cuervo de José Luís Poe, pero con otro pelaje, una tórtola turca ( que la Gran Inchiclopedia Vida y Bestias Finisterráticas denomina como Gallinejautus Turuletus ) acechaba en la rama de un ciprés. Y ante tal metáfora visual de lo horrible del destino, no pude más que encerrarme en casa y dar palmadas tras las contraventanas con la esperanza de hacer alzar su vuelo.
Quizás usted, petimetre, ahora ría con suficiencia, pensando en la locura de este viejo chiflado que, por otra parte, podría quebrar su porvenir con un par de telegramas. Conozca usted de primer brazo mi importante cometido durante la llamada Guerra Tibia. Fui nombrado Oficial Adjunto del Departamento de Cultura por el Gobernador General de Asistolia. Un cometido harto peligroso, cuyo recuerdo me hace incluso hoy morder mi almohada con horror en noches tibias como esta. Mi tarea consistía en sujetar con fuerza los ejemplares transportados por el Bibliobus en su peligrosa ruta BrandemKancilleriem Ja! Y el Kindergarden Infantil Die Zwai Patiten. Quizás su imaginación, aletargada por falsos estereotipos de agentes secretos dictados por los Mayonesistas no considere peligroso lo que allí sucedía. Tendría que haber visto las taimadas intenciones de todos aquellos agentes secretos, en cuclillas, disfrazados de niños de tres años, simulando leer “El Osito va de Compras”. ¡Ya muchos me advirtieron que eran infantes reales! Pero entonces y ahora, cual croqueta enrollada en los visillos que mi señora madre tuvo a bien traer de la lejana Galería Tarangana, ¡a eso digo no! [manchurrón] Con tal fuerza que mi escriba rompe la punta de su lápiz, y por ello será debidamente castigado y el valor del citado instrumento será descontado en patatas de su próxima e incierta comida.
Dice la pérfida ave “gruuu gruu”, siendo lo segundo innecesario, tal y como si no conociere yo sus designios. Y se libra de parásitos, o eso hace ver y se comunica con sus empleadores mediante un diminuto micrófono prendido en su buche. Los secretos conocidos durante mi estancia en el límite exacto del escenario internacional de espionaje y el contubernio no saldrán de mis labios. ¡Y en cuanto me acerquen mi noble sable de acero inexorable, Voto a Bríos que esa pérfida tórtola pagará con plumas la afrenta conducida por sus oscuros patronos!.
Firma Salvador de Pestaña a tantos y tantos de nosecuantos.
¿Sigue ahí el pájaro? ¿No puede salir nadie con un palo o algo para asustarla?¿Sigues escribiendo rufián?


