CARAMBOLAS INDECENTES CON RED.Si son ustedes personas de bien, decentes, practicantes o enfermeras, en definitiva, si es usted como debe ser usted porque se lo dice otro aunque a usted no le acabe de gustar, estará de acuerdo conmigo. Internet es un peligro. Y sí, es una paradoja que lo diga a través del mismo medio que critico, pero mis sirvientes ya se tienen el cuento aprendido y ardo en deseos de contar mis ideas a otros.
¿Porqué es un peligro? Preguntará usted apuntando a su ordenador con un trabuco del siete con doble cargador y cachas de madera. Por su contenido. En mi larga relación con este medio, imagine, llevo navegando por la red al menos dos tardes, he hallado algo que es, indiscutiblemente, una materia no apropiada para niños de corta edad y mayores que siguen pidiendo año tras año el catálogo de juguetes de los grandes almacenes El Porte Finlandés. Este tipo de personas no deben asistir, con la facilidad que otorga deletrear la materia en ese teclado, instrumento del diablo aún más peligroso que la ouija, a ciertos espectáculos bochornosos, vergonzantes, miserables y otra serie de calificativos de los que no haré uso por tenerlos encima del armario y no tener al mayordomo a mano.
Las estufas.
¿Cómo pueden las autoridades laxas de este país permitir la inclusión de anuncios de estufas al alcance de todos? Descritas con todo lujo de detalles, con fotos anteriores, posteriores, ¡en mitad de salones de residencias privadas!. Esto es un disloque, ¿esto es democracia? ¿a esta pantomima ha llegado el estado de derecho? Cualquiera desde su casa puede entrar en un buscador, y en soledad, refocilarse las pupilas con la imagen de estos instrumentos.
Por si esto fuera poco, vengo a denunciar el hecho de que las empresas suministradoras de este producto se anuncian libremente en la red, propiciando que cualquiera con una tarde libre y con metálico o tarjeta pueda acercarse al centro de su ciudad o a las alejadas calles de un polígono industrial para hacerse con los calientes servicios de este reprochable negocio. No tengo edad para asistir al bochornoso espectáculo de la caída de valores morales de la sociedad occidental, propiciada por nuestro presidente, un hombre que critico ahora, y seguiré criticando siempre, sea quien sea el que ocupe el cargo. Soy mayor y rico. Nadie compra mis opiniones. En realidad, yo podría comprar opiniones ajenas por si alguna vez me quedo sin tema para esta columna.
Huyan de las estufas. No permitan a sus hijos contemplarlas en la soledad de su habitación a través de la fría pantalla de su ordenador. Si la gente viera más señoritas y señoras en edad de merecer prácticamente desnudas ejecutando posturas provocativas con buena iluminación e incitando a la lascivia y a la lujuria, esta sociedad marcharía mejor. Ponga una fresca en su monitor y huya de las calientes estufas. Si es usted como yo digo que debe ser usted, lo hará aunque a mí, en último término, lo que usted haga me importe una gaita.
Salvador de Pestaña.


